A
42 años del conflicto del Atlántico Sur quisiera comenzar recordando a todas
las personas, isleños, argentinos y británicos, que perdieron su vida a
consecuencia de aquel lamentable conflicto, a sus familias y seres queridos, a
los heridos, a quienes aún sufren y a quienes se han quitado la vida a causa
del trauma y el dolor sufridos durante la guerra.
Mucho
se ha discutido acerca de las motivaciones detrás del inicio de la guerra. Es
muy probable que la dictadura militar que gobernaba la Argentina desde marzo de
1976 pretendiera recuperar el prestigio que había perdido tras la brutal
represión en la que decenas de miles de personas fueron secuestradas,
torturadas y asesinadas.
Pero
más allá de las motivaciones, es indudable que los militares de la dictadura
iniciaron la guerra en base a una grosera apreciación estratégica que condujo a
la Argentina a una derrota cuyas consecuencias aún perduran. La dictadura
militar que para contrarrestar la expansión soviética en América Latina había
instaurado el terrorismo de Estado iniciaba un conflicto bélico con la segunda
potencia militar de la Alianza Atlántica en un momento crítico de la Guerra
Fría.
El
14 de junio de 1982 las tropas argentinas se rindieron y culminó el conflicto
del Atlántico Sur. El gobierno militar, debilitado por la derrota, llegaba a su
fin y el 28 de enero de 1983 convocó a elecciones democráticas en las que el
candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín, fue electo presidente de
los argentinos.
El
nuevo gobierno democrático cargaba con la pesada herencia del aislamiento
internacional a causa de la guerra y de las gravísimas violaciones a los
derechos humanos cometidos durante la dictadura. Internamente, aunque se vivía
la alegría por el retorno de la democracia, también se sufría el duelo por los muertos, el vacío y la incertidumbre por los
desaparecidos y el trauma provocado por el terrorismo de Estado.
Aun
así, comenzaba el periodo de democracia más extenso y estable que haya conocido
la Argentina. Poco a poco la democracia argentina se fue consolidando y el
temor a los habituales pronunciamientos militares se fue disipando. Hoy, la defensa
de la democracia y de los derechos humanos se ha convertido en una causa que
une a la inmensa mayoría de los argentinos.

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