20 de enero de 2026

La crisis de la OTAN y la defensa de Europa

 

La seguridad y defensa de Europa enfrenta actualmente el mayor desafío desde la segunda guerra mundial. Por un lado, Rusia ha invadido a Ucrania y está ocupando una parte considerable de su territorio mientras mantiene fuertes combates y realiza continuos ataques aéreos con drones y misiles. Por otro lado, los Estados Unidos no solo no se muestra como un aliado muy fiable, sino que pretende anexar Canadá e, incluso, hacer uso de las fuerzas armadas para anexar Groenlandia causando inestabilidad y desconfianza entre los aliados de la OTAN que hasta entonces se habían mantenido unidos y coordinados para hacer frente al expansionismo de Rusia.

La actual crisis de la OTAN responde, fundamentalmente, a la falta de liderazgo de los Estados Unidos. El trato prepotente y hasta humillante hacia los miembros de la alianza, las exigencias de mayores aportes presupuestarios, la intención de anexar territorios –incluso mediante el uso de las fuerzas armadas, ignorando la soberanía de los estados y en contra de los principios de integridad territorial y determinación de los pueblos–, las fuertes presiones arancelarias y las conversaciones de autoridades estadounidenses con sus pares rusos para hallar una salida a la guerra en Ucrania a espaldas de los gobiernos europeos, muestra hasta qué punto la alianza atlántica está en crisis y cuán necesario es pensar, con realismo, en la defensa de Europa sin contar con los Estados Unidos o, al menos, sin contar con una intervención a la escala suficiente para contribuir a detener la expansión rusa y liberar a Ucrania.

Además de la tensa relación con los Estados Unidos, en la relación de Europa con Turquía suele haber desencuentros. El conflicto territorial en Mar Egeo que Turquía mantiene con Grecia, la relación ambivalente con Rusia y el veto al ingreso de Suecia y Finlandia a la OTAN son casos que muestran la poca fiabilidad de Turquía como aliado.

Independientemente de cuál pueda ser el compromiso de los Estados Unidos en un conflicto en Europa, Europa debe estar en condiciones de hacer frente a las amenazas del modo más autónomo posible y contar con libertad de acción para contribuir al sostenimiento del orden internacional fundado en el derecho.

En un sentido amplio, los estados que integran Europa no son solo los que están ubicados en el continente europeo, son también aquellos que se encuentran unidos a Europa por fuertes vínculos históricos y culturales, y que comparten los mismos valores democráticos, como Canadá, Australia y Nueva Zelanda cuyo jefe de Estado es el Rey de Inglaterra y que intervinieron en la primera y en la segunda guerra mundial.

La Unión Europea, los otros Estados europeos que actualmente no la integran como Ucrania, Moldavia, los estados de la exyugoslavia, Islandia, Suiza, Noruega, y, el Reino Unido, junto a Canadá, Australia y Nueva Zelanda, reúnen en conjunto una enorme extensión territorial, una gran cantidad de población y la disposición de recursos necesarias para configurar una alianza lo suficientemente poderosa para reconstruir el orden internacional fundado en normas que ha sido dañado con la invasión rusa de Ucrania, el genocidio contra el pueblo palestino perpetrado por Israel en Gaza y el ataque y el secuestro del presidente venezolano en Caracas por parte de los Estados Unidos; la lista de actos que han vulnerado el derecho internacional en los últimos años podría continuar.

Las amenazas a la paz y estabilidad son múltiples y complejas. Actualmente Rusia representa el mayor desafío militar para Europa; el expansionismo ruso y su ambición de ocupar el espacio exsoviético coinciden con el repliegue de los Estados Unidos, que, a su vez, con sus pretensiones territoriales, provoca tensiones que distraen los esfuerzos por hacer frente el avance ruso en Ucrania.

El escenario es, sin duda, un enorme desafío para Europa, pero es también una gran oportunidad para constituirse en un actor global más fuerte e independiente que contribuya más activamente a la construcción de un mundo más seguro.

Una alianza integrada por tantos estados sin el liderazgo de una superpotencia que la cohesione tiene dificultades para tomar decisiones rápidas y carece de unidad mando. Ello es una notable desventaja frente a una superpotencia que, como Rusia, cuenta con unidad de mando y puede tomar decisiones rápidamente.

La Unión Europea cuenta con un complejo entramado institucional y un lento proceso de toma de decisiones basado en el consenso. Ha sido creada para garantizar la paz entre los miembros y no como una alianza defensiva. Fortalecer la integración europea y constituir un nuevo estado es indispensable para poder hacer frente a los desafíos que plantean las superpotencias. La unificación de Europa en un estado permitirá contrarrestar mejor las injerencias externas y evitar que las diferencias entre los estados miembros sean explotadas para debilitarla.

Desde la firma del Tratado del Atlántico Norte, Europa confió a los Estados Unidos el desarrollo y despliegue de las suficientes armas nucleares para contrarrestar a la ex Unión Soviética. Actualmente, las únicas potencias europeas que cuentan con armas nucleares son el Reino Unido y Francia, pero, al menos en cantidad, las armas nucleares de ambas potencias no son equiparables a la de las superpotencias.

A fin de evitar ser objeto presiones por su dependencia de los Estados Unidos y lograr detener la expansión rusa, es necesario que Europa cuente con capacidad de responder cualquier ataque. Una eficaz fuerza de disuasión nuclear le permitirá a Europa ser un actor relevante y con autonomía estratégica. Si la defensa depende de otra potencia, Europa puede verse obligada a ceder ante exigencias que comprometan su economía, su industria y hasta su territorio; y esas exigencias se hacen más manifiestas ante la posibilidad de un ataque por parte de Rusia. 

El control de la isla danesa de Groenlandia y la estrecha colaboración con Canadá son indispensables para contar con un adecuado sistema antimisiles y de alerta temprana que garantice la seguridad de Europa, del Ártico y del mundo, sin estar sujetos de los impredecibles cambios de la política exterior y de seguridad estadounidense.

Los desafíos que enfrenta hoy Europa solo pueden ser superados con una fuerte unidad. Es indispensable que los estados europeos creen una Unión Europea soberana que permita tomar decisiones rápidas, impulsar el desarrollo de la industria para la defensa maximizando los recursos y contar con unas fuerzas armadas que puedan ser desplegadas e intervenir con la bandera de la Unión Europea.

Deben protegerse las identidades y las lenguas europeas porque es justamente en su diversidad donde radica la riqueza cultural de Europa, y, a la vez, adoptar el inglés como lengua común de toda la población a fin de unir a los pueblos, facilitar las comunicaciones y fortalecer la cooperación y coordinación con los aliados.

Tal vez en el futuro, en un nuevo referéndum, el pueblo británico exprese su deseo de integrar la Unión Europea y tal vez Canadá, Australia y Nueva Zelanda, que aunque no están en el continente europeo comparten historia, cultura y valores, puedan integrarla. En todo caso seguirán siendo, como siempre, aliados fuertes y confiables de una Europa que hoy necesita unirse en un estado soberano para poder garantizar su libertad en un mundo cada vez más peligroso y complejo.

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