La
seguridad y defensa de Europa enfrenta actualmente el mayor desafío desde la
segunda guerra mundial. Por un lado, Rusia ha invadido a Ucrania y está
ocupando una parte considerable de su territorio mientras mantiene fuertes
combates y realiza continuos ataques aéreos con drones y misiles. Por otro
lado, los Estados Unidos no solo no se muestra como un aliado muy fiable, sino
que pretende anexar Canadá e, incluso, hacer uso de las fuerzas armadas para
anexar Groenlandia causando inestabilidad y desconfianza entre los aliados de
la OTAN que hasta entonces se habían mantenido unidos y coordinados para hacer
frente al expansionismo de Rusia.
La actual
crisis de la OTAN responde, fundamentalmente, a la falta de liderazgo de los
Estados Unidos. El trato prepotente y hasta humillante hacia los miembros de la
alianza, las exigencias de mayores aportes presupuestarios, la intención de
anexar territorios –incluso mediante el uso de las fuerzas armadas, ignorando
la soberanía de los estados y en contra de los principios de integridad
territorial y determinación de los pueblos–, las fuertes presiones arancelarias
y las conversaciones de autoridades estadounidenses con sus pares rusos para
hallar una salida a la guerra en Ucrania a espaldas de los gobiernos europeos,
muestra hasta qué punto la alianza atlántica está en crisis y cuán necesario es
pensar, con realismo, en la defensa de Europa sin contar con los Estados Unidos
o, al menos, sin contar con una intervención a la escala suficiente para
contribuir a detener la expansión rusa y liberar a Ucrania.
Además de
la tensa relación con los Estados Unidos, en la relación de Europa con Turquía
suele haber desencuentros. El conflicto territorial en Mar Egeo que Turquía mantiene
con Grecia, la relación ambivalente con Rusia y el veto al ingreso de Suecia y
Finlandia a la OTAN son casos que muestran la poca fiabilidad de Turquía como
aliado.
Independientemente
de cuál pueda ser el compromiso de los Estados Unidos en un conflicto en
Europa, Europa debe estar en condiciones de hacer frente a las amenazas del
modo más autónomo posible y contar con libertad de acción para contribuir al
sostenimiento del orden internacional fundado en el derecho.
En un
sentido amplio, los estados que integran Europa no son solo los que están
ubicados en el continente europeo, son también aquellos que se encuentran
unidos a Europa por fuertes vínculos históricos y culturales, y que comparten
los mismos valores democráticos, como Canadá, Australia y Nueva Zelanda cuyo
jefe de Estado es el Rey de Inglaterra y que intervinieron en la primera y en
la segunda guerra mundial.
La Unión
Europea, los otros Estados europeos que actualmente no la integran como
Ucrania, Moldavia, los estados de la exyugoslavia, Islandia, Suiza, Noruega, y,
el Reino Unido, junto a Canadá, Australia y Nueva Zelanda, reúnen en conjunto
una enorme extensión territorial, una gran cantidad de población y la
disposición de recursos necesarias para configurar una alianza lo
suficientemente poderosa para reconstruir el orden internacional fundado en
normas que ha sido dañado con la invasión rusa de Ucrania, el genocidio contra
el pueblo palestino perpetrado por Israel en Gaza y el ataque y el secuestro
del presidente venezolano en Caracas por parte de los Estados Unidos; la lista
de actos que han vulnerado el derecho internacional en los últimos años podría
continuar.
Las
amenazas a la paz y estabilidad son múltiples y complejas. Actualmente Rusia
representa el mayor desafío militar para Europa; el expansionismo ruso y su
ambición de ocupar el espacio exsoviético coinciden con el repliegue de los
Estados Unidos, que, a su vez, con sus pretensiones territoriales, provoca
tensiones que distraen los esfuerzos por hacer frente el avance ruso en
Ucrania.
El
escenario es, sin duda, un enorme desafío para Europa, pero es también una gran
oportunidad para constituirse en un actor global más fuerte e independiente que
contribuya más activamente a la construcción de un mundo más seguro.
Una
alianza integrada por tantos estados sin el liderazgo de una superpotencia que
la cohesione tiene dificultades para tomar decisiones rápidas y carece de
unidad mando. Ello es una notable desventaja frente a una superpotencia que,
como Rusia, cuenta con unidad de mando y puede tomar decisiones rápidamente.
La Unión
Europea cuenta con un complejo entramado institucional y un lento proceso de
toma de decisiones basado en el consenso. Ha sido creada para garantizar la paz
entre los miembros y no como una alianza defensiva. Fortalecer la integración
europea y constituir un nuevo estado es indispensable para poder hacer frente a
los desafíos que plantean las superpotencias. La unificación de Europa en un
estado permitirá contrarrestar mejor las injerencias externas y evitar que las
diferencias entre los estados miembros sean explotadas para debilitarla.
Desde la
firma del Tratado del Atlántico Norte, Europa confió a los Estados Unidos el desarrollo
y despliegue de las suficientes armas nucleares para contrarrestar a la ex
Unión Soviética. Actualmente, las únicas potencias europeas que cuentan con armas
nucleares son el Reino Unido y Francia, pero, al menos en cantidad, las armas
nucleares de ambas potencias no son equiparables a la de las superpotencias.
A fin de
evitar ser objeto presiones por su dependencia de los Estados Unidos y lograr detener
la expansión rusa, es necesario que Europa cuente con capacidad de responder
cualquier ataque. Una eficaz fuerza de disuasión nuclear le permitirá a Europa
ser un actor relevante y con autonomía estratégica. Si la defensa depende de
otra potencia, Europa puede verse obligada a ceder ante exigencias que
comprometan su economía, su industria y hasta su territorio; y esas exigencias
se hacen más manifiestas ante la posibilidad de un ataque por parte de
Rusia.
El
control de la isla danesa de Groenlandia y la estrecha colaboración con Canadá
son indispensables para contar con un adecuado sistema antimisiles y de alerta
temprana que garantice la seguridad de Europa, del Ártico y del mundo, sin estar
sujetos de los impredecibles cambios de la política exterior y de seguridad
estadounidense.
Los
desafíos que enfrenta hoy Europa solo pueden ser superados con una fuerte
unidad. Es indispensable que los estados europeos creen una Unión Europea
soberana que permita tomar decisiones rápidas, impulsar el desarrollo de la
industria para la defensa maximizando los recursos y contar con unas fuerzas
armadas que puedan ser desplegadas e intervenir con la bandera de la Unión
Europea.
Deben
protegerse las identidades y las lenguas europeas porque es justamente en su
diversidad donde radica la riqueza cultural de Europa, y, a la vez, adoptar el
inglés como lengua común de toda la población a fin de unir a los pueblos, facilitar
las comunicaciones y fortalecer la cooperación y coordinación con los aliados.
Tal vez
en el futuro, en un nuevo referéndum, el pueblo británico exprese su deseo de
integrar la Unión Europea y tal vez Canadá, Australia y Nueva
Zelanda, que aunque no están en el continente europeo comparten historia,
cultura y valores, puedan integrarla. En todo caso seguirán siendo, como siempre, aliados fuertes y confiables de una Europa que hoy necesita unirse en un estado
soberano para poder garantizar su libertad en un mundo cada vez más peligroso y
complejo.

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